Grecia: ¿por qué Yanis Varufakis es insoportable para los europeos?

@RomaricGodin / @Anaisni ¦ 2015-05-15 ¦ 10:10 ¦

Artículo publicado en La Tribune el 12/05/2015 traducido del original francés por Ana I. Morales, con permiso del autor del artículo Romaric Godin. Morales necesitaba también un sitio donde publicar esto, y Luistxo, resident blogger bastante ausente del Cementerio, le ha prestado espacio. Ana I. Morales también ha traducido el artículo al euskara.

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El deseo del Eurogrupo de librarse del ministro griego de Finanzas no se debe a su estilo, sino más bien a divergencias más profundas.

Parece que se ha convertido en un ejercicio de obligado cumplimiento para todo periodista que se ocupa de cuestiones europeas. Desde hace algunas semanas, los periódicos están llenos de artículos que cargan contra el ministro heleno de Finanzas, Yanis Varufakis. El más reciente es el publicado en el periódico francés de referencia, Le Monde, que lo anunció en su portada refiriéndose al “exasperante señor Varufakis”.


Foto cc-by de Jörg Rüger obtenida de Wikipedia.

Irritación europea

Estos artículos suelen tener el mismo esquema: se considera obvio que el hombre es competente (es difícil discutirle esta cualidad sin discutírsela al mismo tiempo a los “clientes” habituales de la prensa económica), pero insoportable y absolutamente nulo para la negociación.

Se continúa con abundantes citas procedentes de Bruselas para mostrar hasta que punto es, en efecto, “irritante” a los ojos de los funcionarios y altos cargos europeos este economista griego, con sus camisas abigarradas, su tono docto y su “fuerte ego”.

Su principal delito, a los ojos de Bruselas, es no haber cambiado y “entrado en vereda”. Como “lamenta una fuente europea”, volviendo al artículo de Le Monde del martes 12 de mayo, se ha negado a seguir el camino de su predecesor, Evangelos Venizelos, presidente del Pasok, que, ese sí, efectivamente cambió.

Para terminar, el retrato del ministro es el de una “rock star”, un Ícaro mediático atraído irresistiblemente por el sol mediático. Entre líneas, el lector comprende que, si este Yanis Varufakis es tan insoportable, es porque no es más que un narciso superficial que está montando su show y su función se habrá limitado a gesticular para dar a las negociaciones el atractivo de una serie americana. En resumen, este ministro no es más que una especie de payaso, útil por un momento, pero que pasará de moda.

El storytelling europeo contra Yanis Varufakis

Esta imagen ha sido construida cuidadosamente por el Eurogurpo y la Comisión desde los primeros días del gobierno de Chipras. El presidente del Eurogrupo, Jeron Dijsselbloem, jamás ha ocultado que no pudo digerir “la humillación” sufrida el 30 de enero, cuando un Yanis Varufakis muy calmado le sorprendió al proclamar el fin de la troika.

El cénit de este storytelling fue la reunión de Riga del 25 de abril, en la que el ministro griego fue acusado por sus dieciocho colegas de ser la causa del bloqueo. Este mismo storytelling, tejido cuidadosamente por Jeron Dijsselbloem la noche del 11 de mayo, ha insistido machaconamente en el “avance” de las negociaciones tras la desaparición de la “rock star”.

Pero todo esto no es más que una cortina de humo. Alexis Chipras se ha ocupado de quitarles rápidamente un argumento a los acreedores. Las negociaciones no han avanzado de verdad desde entonces. La situación sigue siendo la misma: las negociaciones no avanzan porque Grecia no hace concesiones. Con o sin Yanis Varufakis, el bloqueo persiste: Grecia se opone a las “reformas” de las pensiones y del mercado laboral que le reclaman sus acreedores.

En realidad el problema no era Yanis Varufakis. El rechazo de que era objeto era el síntoma del rechazo político del nuevo gobierno griego.

Un espejo amargo

La realidad del “problema Varufakis” está, pues, en otro lado. Tiene diversas vertientes.

La primera es la determinación del ministro-economista de poner a sus colegas frente a sus responsabilidades. En 2010, Yanis Varufakis se opuso al “rescate”, considerando, como recalcaba en su obra El minotauro global, no sin razón, que “en Europa la medicina es peor que la enfermedad”. En su opinión, era, por tanto, urgente —y esta es la tarea que le encomendó Alexis Chipras— romper con la lógica del “programa” que ha llevado a Grecia a una espiral deflacionista y a la destrucción de gran parte de su capacidad productiva. De ahí los golpes asestados a este sistema desde los primeros días de gobierno: la negativa a discutir con la troika, las peticiones de reestructuración de la deuda, el bloqueo del Eurogrupo sobre la cuestión del "programa en vigor".

Para los colegas de Yanis Varufakis, este cuestionamiento de la lógica aplicada desde 2010 es inaceptable. Para empezar, porque esta lógica es el cimiento del Eurogrupo, que jamás ha entonado el mea culpa sobre esta política. Pero sobre todo porque esta política cuestionaba otro relato europeo: el de la recuperación de la economía griega gracias a "reformas que finalmente den fruto". Sin embargo, Yanis Varufakis, como buen economista, sabe perfectamente que esta “recuperación” es a la vez frágil y aparente. Tras un hundimiento económico inédito en tiempos de paz, solo un esfuerzo masivo de inversión a nivel europeo combinado con una reestructuración a gran escala de la deuda puede realmente contribuir a la recuperación del país. Pero esta visión se opone al pensamiento dominante en el Eurogrupo: la purga es necesaria y debe ser aplicada hasta el final para que se produzca el "crecimiento sano".

Así pues, Yanis Varufakis es un cuerpo ideológico extraño en el Eurogrupo, un cuerpo extraño que pone antes sus ojos el espejo odioso de los errores cometidos por Europa desde 2010. Al exigir un cambio de política para Grecia, el ministro heleno encarna una mala conciencia insoportable que viene a romper el mito de la radiante recuperación que sigue a la austeridad.

Y lo que es peor, se empecina. Eso es en esencia lo que lamenta la "fuente europea" citada por Le Monde: también Evangelos Venizelos había intentando avisar de estos errores en 2011. Pero, afortunadamente, entró en vereda. Y así se pudo continuar con esta política insensata que ha arruinado a Grecia.

Cuatro años después, Yanis Varufakis no puede aceptar cometer el mismo error. Por eso había que echarlo.

La obsesión por la justicia social

¿Por qué este empecinamiento? Sobre todo, porque el ministro tiene una obsesión —su segundo defecto para los acreedores—: la justicia social. Su postura es que la austeridad aplicada desde hace cinco años en Grecia la han pagado sobre todo los más pobres.

Los estudios le han dado, por otra parte, la razón. Sabe que la recuperación por sí misma no invertiría la situación y también en ese aspecto exige una acción urgente. De ahí su insistencia, en los dos primeros meses de gobierno, en incluir en los debates del Eurogrupo la cuestión de la “crisis humanitaria". Su ambición declarada es política: es evidente que el aumento de la pobreza y la pauperización de las clases medias les hacen el juego a los extremismos.

La postura del ministro griego es, pues, simple: Europa debe aprovechar la victoria de Syriza para escuchar sus proposiciones “moderadas” antes de tener que tratar con extremistas como Amanecer Dorado. El 5 de febrero alertaba de ello en presencia de Wolfgang Schäuble:

“Cuando vuelva a mi país esta noche me encontraré con un parlamento cuya tercera parte no es un partido neonazi, sino un partido nazi".

Pero este discurso es inaudible en el seno del Eurogrupo, que cree precisamente que los griegos ya están en manos de extremistas a los que hay que domar (en abril un alto funcionario declaró que Alexis Chipras debe romper con el ala izquierda de su partido). Los ministros de la zona del euro no ven en Amanecer Dorado nada más que una forma de chantaje para arrancarles concesiones.

Por encima de todo, el tratamiento "social” de la pobreza, es, para los europeos, un error. Y ahí también entra de lleno la ideología. Para el Eurogrupo la lucha contra la pobreza viene de suyo después, es una consecuencia del saneamiento y de la liberación de la economía. Estos dos elementos crean una riqueza que, in fine, se propaga hasta las capas más bajas de la economía. Por tanto hay que tener paciencia. Más aún: todo tratamiento "social” de este problema frena la mutación "estructural" necesaria al aumentar el papel del Estado y crear distorsiones en el mercado laboral. En resumen, las demandas de Yanis Varufakis no son más que miserabilismo en el mejor de los casos y populismo en el peor. A mediados de marzo se pudo ver una prueba evidente de esta ideología cuando un funcionario europeo trató de frenar la ley para combatir la crisis humanitaria.

En este tema Yanis Varufakis se impuso finalmente a los acreedores, la ley se aprobó. Pero esta es solo una victoria parcial: la lucha contra la pobreza debe pasar por un cambio de política, y, por tanto, por el replanteamiento de la lógica del programa.

Un problema personal que oculta una brecha ideológica

El tercer punto de desacuerdo con Yanis Varufakis es su coherencia, que ha pagado cara. El ministro heleno no ha abandonado nunca sus objetivos. El pasado lunes 11 de mayo todavía repetía que las dos “líneas rojas" de Atenas siguen siendo poner fin al círculo vicioso deflacionista y establecer una distribución más justa del esfuerzo. Es decir, los dos puntos de desacuerdo anteriores.

En cada una de sus listas de reformas, todas ellas rechazadas por el Eurogrupo, ha tenido en cuenta estos dos elementos: el reparto más justo de los impuestos, la lucha contra la evasión fiscal de las empresas y los más acomodados, el impulso de la recuperación mediante la puesta en marcha de un tratamiento de los atrasos tributarios de las PYMES y los particulares...

La raíz del rechazo de estas listas, así como de la irritación que al parecer suscita Yanis Varufakis, no son las camisas fantasía del ministro o su aspecto informal de rock star. Son sus fundamentos ideológicos. Los acreedores europeos no quieren admitir sus errores pasados, porque eso supondría el hundimiento de la base de su lógica económica. Por tanto, no pueden admitir las posturas de Yanis Varufakis. La voluntad de desacreditarlo constantemente no se debe, por tanto, a una lógica personal.

Las lecciones de François Hollande de 2012

Sin embargo, muchos cuestionan el estilo demasiado "agresivo" del ministro griego. La crítica suele ser que a Yanis Varufakis le falta “sentido político”, que no ha aceptado las reglas vigentes en Bruselas y se las ha saltado.

Esto, no obstante, se explica fácilmente recordando a su predecesor francés. Como declaró diez días antes de las elecciones en una entrevista concedida a La Tribune, Yanis Varufakis quedó marcado por lo ocurrido tras la elección de François Hollande, que según él, “no intentó nada” contra la lógica de la austeridad. En consecuencia, la estrategia de acuerdos de 2012 del presidente francés, que se saldó con un fracaso flagrante (el famoso “pacto de crecimiento”, cuya existencia todavía no se ha probado), se convirtió en la estrategia a evitar por antonomasia.

Ante el bloqueo ideológico, el ministro griego ha tratado de forzar la decisión adoptando desde el principio medidas drásticas, como la disolución unilateral de la troika. El éxito de esta estrategia no es seguro, pero ha puesto claramente en apuros a los europeos, al hacerles encarar las consecuencias últimas de su propia cerrazón.

La realidad de la estrategia europea

En realidad, a pesar de esta aparente dureza, la posición de Yanis Varufakis era una de las más moderadas en el seno de Syriza. El ministro griego siempre ha sido contrario a la salida del euro, siempre ha propuesto una solución europea al problema griego.

Alexis Chipras habría podido nombrar a Costas Lapvichas, por ejemplo, un economista de Syriza claramente favorable a la cancelación de la deuda y la salida del euro. Los acreedores habrían sido presa del pánico.

Destruyendo a Yanis Varufakis, los europeos han revelado su objetivo, que no es llegar a un “acuerdo” razonable, sino meter en cintura a un gobierno que no les conviene. Como dice Yanis Varufakis en el prólogo a El minotauro global, “hace mucho que la Unión Europea tiene la costumbre de considerar la democracia como un lujo y un incordio”.